jueves, 6 de junio de 2019

Poetry Slam Madrid: junio de 2019


Llegamos a lomos de un soplido momentáneo.
Contuvimos la respiración, expectantes, sin destino prefijado:
era la vida o el vacío del naufragio.
Nos agarramos al batir de unos párpados.
Vinimos a tomar el mundo para luego abandonarlo.

Con la primera exhalación, okupamos sin permiso municipal
la vida férrea, el reino de lo ajeno y la línea temporal.
Somos hoy, ayer y un mañana abandonado al quizás.

Del pasado solo queda la voz de los muertos
enterrada en el árbol más alto, colgada de una raíz, buscando el más allá.
Del ayer solo llega la chispa de los recuerdos.
El futuro por el que otros lucharon no es nada más
que cualquier otro momento.
El mañana que otros soñaron no es nada más
que lo que estamos viviendo.

Su eternidad se comprime hasta quedar reducida a lo efímero:
al eufemismo de un nicho,
a un estornudo ceniciento,
a nuestro latido, que no es nada más que un mero relampagueo.

Nosotras, que tristemente claudicamos;
nosotros; que lloramos donde otros ya lloraron,
somos indignos herederos:
vástagos de la muerte, padres del desamparo.
Somos el mañana por el que aquellos lucharon.

Pero la vida nos la embarga lo rutinario:
en nuestro día a día no se esconde lo que los muertos ansiaron.
Seguimos como estuvieron, como estábamos: es el miedo al peso de los años.
Si nos besas, notarás incertidumbre en nuestros labios.

Si juntaras los relojes de todas las plazas,
si nos hicieras ver el ser y la nada,
si los minutos rodasen irreductibles hacia la guadaña;
nos encogeríamos de hombros y diríamos “tal vez mañana”.

No hay respuesta que valga, pero puede lo hagamos mañana.

El presente, la ambición y el cambio no son más que un momento aplazado,
no son más que esperanza depositada en un futuro lo suficientemente lejano.
Lejano como para que no llegue,
lejano como para sentir que, aún así, lo hemos intentado.
Un futuro constante, un futuro quimérico: el futuro soñado.

Somos la generación del futuro, la generación que se prepara
en un gerundio eterno.
La generación más preparada para prepararse,
la generación preparada para esperar,
la generación que conjuga sus deseos cada día un poco más lejos,
la generación que presencia impasible el suicido del mar:
crónica de una muerte anunciada.

Los muertos lo gritaron y nosotros los imitamos.
Gritaron y gritamos que no pasarán,
pero pasan a diario y lo seguimos gritando;
porque algún día pondremos freno a sus pasos.

La voz que grita venceremos se ha enhebrado en nuestros pechos,
atemporal e inquebrantable, capaz de brillar en el quiebro de un sollozo,
capaz de unir a los que somos con lo que fueron los otros.
Se lo gritamos a los que vencieron, porque no lo lograron:
jamás convencieron.

Gritamos hacia el futuro confiando en que el dolor se acabe,
que, si no es en nuestra vida, otros serán los ganen.
Gritamos hacia el futuro abrazando el fracaso,
porque hoy no venceremos; hoy, otra vez, han pasado.

Pero ya ha habido bastante:
suficientes años -presentes y pasados- de opresión y barbarie.
Suficiente inmovilismo del Estado, suficientes promesas en balde.
Suficientes poetas pastores, suficientes poetas desarraigados.
Rabia del andaluz, orgullo del castellano.
Suficiente cuchillo, suficiente cárcel.
Somos suficientes los desheredados.

Por ellos, por nosotros, por tantos, porque jamás quedaremos callados:
el mañana ya es nuestro.
Y el presente, hoy, lo tomamos. 














 

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