jueves, 3 de octubre de 2019

Poetry Slam Madrid: octubre de 2019


En el centro de la capital, muy cerca del Banco Nacional
-para tener sus cosas vigiladas-, descansa una casa legendaria.
En el centro de la capital, duerme la mansión de la democracia.
En septiembre, cobra vida. Es la vuelta al cole, es la vuelta a las andadas.
Allí no se conoce la tristeza. La depresión postvacacional, como la tierra, es para quien trabaja.

Parlamento de corbatas, plastilina y dibujos de cera;
votación a mano alzada por si no te enteras.
Arengas, balbuceos y pataletas. A mitad de día, toca una pausa y siesta.
Porque, mientras fuera todo se derrumba y se acelera;
dentro los gritos y la plata se imponen sobre cualquier conciencia.

Es un juego de engaños, nadie es lo que aparenta:
los de verde no son amazónicos ni naturalistas (solo falangistas),
no quieren selva ni pureza de las aguas (solo la de la raza).
La rojigualda por fin tiene voz, pistola y mano alzada.
Aquí, sobra futuro, aquí hace falta un muro;
tu vida importará en función del lado que ocupes en una playa africana.
El Mediterráneo será para los yates, los ferris y las narcolanchas.

Es un juego de apariencias, es un duelo de miradas:
detrás de las caretas, solo hay firmas, capital y mano diestra.
El líder siempre sabe, el líder siempre pacta, el líder nunca falla.
Lo llaman el tigre, no se sabe si es por el naranja o por las rayas.

Hay un duelo capilar: barba frente a coleta.
Uno nació para esto, el otro quiso asaltar los cielos.
Ninguno tiene miedo. Sería mejor si los Pablos se quedasen en silencio.
Se han necrotizado: érase un hombre a un escaño pegado.
El de morado no sabe que no hay adoquines en el Congreso:
jamás una bancada será trinchera, jamás podrá ser barricada.
Quiso cambiar las cosas desde dentro y morirá disuelto en el intento.

Mientras, el guaperas de rojo desvaído perdió la S y la O de las siglas hace un siglo.
La patronal está en vilo y él no duerme.
Por lo visto, la rabia de la calle solo despierta a la buena gente.
Habrá que intentarlo otra vez en noviembre.

A las urnas, a las armas. Los partisanos han muerto, ya no hay fusil que valga.
A las urnas, a las armas. La Pasionaria ha muerto, ya no hay partido que valga.
A las urnas, a las armas. La ultraderecha frenada solo es Pedro jugando al patrón y a la rata.

Todos a votar y vuelta a empezar. No es el día de la marmota: es un juego de azar.
Lo pide el capital, solo una vez más. Para el Ibex, la mayoría aún se tiene que acomodar.
Sabes que el sistema estalla cuando hacen trabajar dos veces al monarca.
  
¿No lo notas, no lo hueles? Es la clase obrera, como siempre, que se muere.
Son los podridos representantes; ausentes, mentirosos, delirantes.
Es la democrática austeridad: la corrosión de un sistema en el que no podremos prosperar.
Es la necesidad de un cambio que no llegará en un colegio electoral.

El cambio no será parlamentario.
Nuestro cambio es real, el suyo no es democrático.
Que suenen las alarmas; que las calles ardan. Que el cambio nazca en nuestras manos.
Y, de paso, que sepan lo que es el miedo los diputados.


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